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¿Dónde, cuándo, porqué se originó la Iglesia?

La palabra iglesia proviene de la voz griega ἐκκλησία (transliterado como ekklēsía) vía el latín ecclesia.

En la Septuaginta (traducción al griego del Tanaj) se emplea frecuentemente para traducir la voz hebrea qâhâl (o kahal, transliteración de קהל), que se refiere a la congregación de Israel o pueblo de Dios, como por ejemplo en: Salmos Sal 22: 22 Anunciaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la kahal קהל’ te alabaré.

La Iglesia es pues la congregación de creyentes en todo el mundo, que han recibido la fe en la salvación de sus almas para la eternidad por la fe en la persona de Jesucristo, que es la propiciación y el Hijo eterno de Dios. Cristo, Él es su cabeza, su único salvador, su sacerdote eterno. Jesucristo se hizo carne y habitó entre nosotros para dar Su vida como sacrificio que quita el pecado del mundo

SU ESTABLECIMIENTO

Cabe  mencionar que aun en el antiguo testamento encontramos al pueblo de Israel como pueblo de Dios conocido por muchos como la iglesia en el desierto. Considere el paralelismo en éxodo 19: 5-6  y 1 Pedro 2: 9-10.

Jesús establece su Iglesia en el Monte Kurn Attin. Así sugieren algunos aunque la biblia no menciona exactamente el lugar.

Marcos 3:13-19

EL LLAMADO DE LOS DOCE

1. «Jesús llamó a sí a los que él quiso»

La obra de los Doce empieza en la voluntad soberana del Maestro, lo que le presta gran autoridad y eficacia. El apóstol del Nuevo Testamento es un hombre escogido, no por la comunidad, sino por Jesús mismo. El llamado del Señor no fue sobre la base de algún mérito en ellos, sino por su gracia. Ninguno merecía estar entre los apóstoles. Si lo estaban, era por la misericordia de Cristo.

2. «Y vinieron a él»

El llamamiento de Dios obra conjuntamente con la libre voluntad de los hombres dispuestos a escucharlo. Ellos lo eligieron sólo después de que él los eligiera a ellos. La noche en que le arrestaron dijo a sus discípulos: (Jn 15:16) «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros…»

3. «Para que estuvieran con él»

No había nada maravilloso en los hombres mismos; fue su relación con Jesús que los hizo grandes.

Al mismo tiempo, podemos decir que no existe ningún servicio eficaz que no surja de una relación personal con el Señor. Al llamarlos, el Señor no los envió inmediatamente a la obra, eso no ocurrió hasta (Mr 6:7). Primero quería que estuviesen cerca de Él, para aprender de Él.

Los llamó para que le acompañaran constante e ininterrumpidamente. Otros podrían venir e irse, las multitudes podrían estar presentes hoy y ausentes mañana, otros podrían ser irregulares y fluctuantes en su adhesión a Jesús, pero estos doce hombres habían de identificar sus vidas con la vida de Jesús. Habían de estar con él todo el tiempo a partir de ese día.

LA MISIÓN DE LOS DOCE

1. «Para enviarlos a predicar»

Los discípulos que han aprendido de Cristo llegan a ser apóstoles que salen para proclamar las riquezas del evangelio en su nombre. Los que reciben deben transformarse en dadores. Se subraya el carácter misionero de la elección.

2. «Les dio autoridad»

Recibieron poder sobrenatural que serviría para dar testimonio ante los hombres de que Dios estaba hablando por medio de los apóstoles.

(2 Co 12:12) «Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros.»

La autoridad que les dio era tan real que Jesús llegó a decir:

(Mt 10:40) «El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.»

Al darles esta autoridad, el Señor estaba indicando que los estaba invitando a ser partícipes de su ministerio, como colaboradores en la tarea de proclamar el Reino. ¡Qué tremendo privilegio! La misión de los Doce es una participación en la misión de Cristo.

3. «Y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades»

Como su Maestro tenían que manifestar el carácter del Reino restaurando los pobres cuerpos de los enfermos a su estado normal de salud.

4. «Y para echar fuera demonios»

El diablo había establecido su autoridad sobre los hombres por medio del pecado. Al echar fuera a los demonios, el Señor y los apóstoles demuestran de una forma palpable que la victoria sobre el poder de Satanás se acerca.

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