Juan 14:6
El Profesor A. Lamorte escribió:
«Ante el siniestro e ineluctable epílogo de esta vida terrenal, la rebelión
llega al corazón de los más incrédulos. El hombre siente que no fue creado para
morir, que la muerte es un contrasentido. Su inteligencia y su corazón claman
no sólo por una supervivencia, sino por una vida mejor que la que se vive aquí
en la tierra. Sin embargo, ¿dónde hallar la certeza y las condiciones de esa
vida que triunfa para siempre sobre el sufrimiento y la muerte?
Ningún filósofo, ni en la antigüedad
ni en los tiempos modernos, ningún moralista ni ningún fundador de religión
pudo dar una respuesta. Todos nos abandonan a esta sombría perspectiva: «Después de la muerte se acaba todo».
Pero si nuestro organismo físico-químico tiene que acabar su carrera en el
polvo de la tierra, tenemos un alma que siempre lleva el recuerdo de su origen
divino. Y esta alma tiene sed de una vida eterna. ¿Quién mitigará
esta sed? Sólo Cristo puede hacerlo y mostrarnos el camino de la
vida eterna. La tumba donde fue puesto su cuerpo estaba vacía la mañana del
primer dia, porque resucitó.
Confucio murió, Buda murió y Mahoma
murió… Sólo Cristo venció a la muerte. Su resurrección es la prueba de la vida
eterna para todos los que creen en él, los que acepten ser purificados de sus
pecados por medio de la sangre de Jesucristo. Para los demás está reservado el
juicio. ¡Cuán necesario es ponernos lo antes posible del lado de Cristo, para
compartir un día su gloriosa resurrección!».


