¿PIENSA SEGUIR EN LA MISMA CÁRCEL?

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Hay quienes están en una cárcel, en medio de cuatro paredes y custodiados por unos cuantos barrotes, pero son libres. Su mente sueña; aman: así mismos y a los demás. Anhelan, sueñan y hasta saborean la libertad y piensan de qué manera aprovecharán cada minuto.

A diferencia de ellos, hay quienes están en libertad, caminan por las calles sin que nadie les ponga problemas, pero están atormentados por la peor cárcel que uno pudiera conocer:

La falta de perdón.

Para ilustrar la profundidad de su enseñanza, compartió con ellos en cierta ocasión una historia que le invito a considerar. «»Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.Al comenzar a hacerlo, se le presentó uno que le debía miles y miles de monedas de oro.Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía, para así saldar la deuda.El siervo se postró delante de él. «Tenga paciencia conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo.» El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad. »Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. «¡Págame lo que me debes!» , le exigió.Su compañero se postró delante de él. «Ten paciencia conmigo —le rogó—, y te lo pagaré.» Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda.Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido.Entonces el señor mandó llamar al siervo. «¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste.¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?» Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. »Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano» (Mateo 18: 23-35, Nueva Versión Internacional).

Este pasaje que aplica a su relación con Dios, consigo mismo y en su interactuar con los demás, arroja varias enseñanzas que sin duda habrá descubierto:

1.- Dios nos perdonó, y no tenemos derecho alguno de no perdonar a otros.

2.- La misericordia es un principio de vida, que enriquece nuestra vida y resulta gratificante para los demás.

3.- Nuestro perdón no es ni grande ni pequeño: es un todo. Transforma nuestra vida y la de quienes nos rodean.

4.- Dios que perdona, recibe honra y gloria cuando perdonamos.

Usted puede perdonar… ¡Con la ayuda del Señor Jesucristo es posible lograrlo!

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